KODA

KODA -EL RELATO DE SU VIDA- CONTADO POR MI PERSONA.


Un chillido suave en la sala de la pequeña casa me puso en alerta; pensé que podía ser el cachorro de un gato que estaban por entregarnos nuestra vecina, o incluso un pequeño ratón, con lo que ponía en duda el buen trabajo de Cleo, nuestra gata, pero no, era Koda.


Un día cualquiera de la segunda quincena de septiembre de 2024, Julietta, la perrita de Verónica mi hija se nos escapó estando en celos. Yo no me di cuenta de que se había escapadode la pequeña casa en la que vivíamos, hasta que un vecino me comentó que se la estaban montando en la esquina. Ya cuando llegué estaban en el proceso. Tocó esperar.

Le comentamos a Vero, en base a una sugerencia de Alejandra (mi hermana) que le comprara una pastilla para evitar que pudiera progresar un potencial embarazo, pero no quisocomprársela. La perrita no dio señas de embarazo, no hubo hinchazón abdominal, ni nada.

Dijimos “bueno se salvó”, pues el riesgo inherente a un embarazo en un animal de su edad era grande. Ella es una perra pequeña y tenía 11 años en ese momento y el macho que la montó era más grande que ella.

Un 22 de noviembre de 2024 estaba solo en la casa, revisando una lista de clientes, algunas cuentas del negocio de mi esposa, conectado a X y esperando que una vecina nos trajera una gatica para regalársela a nuestro hijo Alejandro que vive en los suburbios de la ciudad y está solo, para que le hiciera compañía.

Yacque me había pedido que le ubicara una caja para poder colocarla ahí, pues era todavía muy pequeñita. A primera hora de la mañana la ubiqué en un D1 que nos quedaba muy cerca, y la coloqué en el pequeño hall de entrada que servía de espacio para nuestra panadería.

Desde la noche anterior Julietta había mostrado un comportamiento raro,
y Yacque temía que estuviese enferma.

Poco después de colocar la caja debajo de uno de los mesones de trabajo, en un espacio ventilado, Julietta se metió en la caja. Bueno, pensé que le gustó el sitio, el viento o la caja, y seguí trabajando con la lista de clientes.

Siendo cerca de las 2pm, sentí un chillido sueve y me pareció muy raro. Pensé que la vecina ya había llegado con el gatico y lo ignoré. De nuevo el chillido, muy cercano me hizo voltear a donde estaba Julietta y observé un pequeño bulto blanco con manchas negras que se movía y chillaba.

Carajo, Julietta había parido; en ese momento conocí a Koda.

No sabíamos que estaba preñada. Fue un revuelo en la familia. Era un cachorrito lindo e irradiaba una luz especial, todo el mundo tenía que ver con él. A mi en lo personal no me gustan los perros para tener en casa, pero Koda me caía muy bien; quizás fuese esa luz que irradiaba.

Llamé a Yacque que estaba pronta a salir del trabajo y le dije “Te tengo una sorpresa, a que no sabes que pasó” … y ella evidentemente me responde que no sabía. Continué diciéndole “Julietta parió”, y volteé el teléfono para mostrarle el cachorrito que se movía. Ella gritó de emoción.

Al llegar las hijas se fueron enterando de la noticia. Desde el principio ellas se quisieron quedar con él. Yo les decía que debíamos mudarnos y necesitábamos espacio para la Panadería y el perrito nos podría generar algunos problemas, pues al ser machos, les gusta levantar la pata en todas partes. Ellas lo entendieron, supuestamente.

En la tarde, ya con Yacque y Avril en la casa, la vecina que nos había alquilado la casa nos trajo a la gatica que estábamos esperando. Nos había ofrecido una gatica parda, de una gata que parió en su sitio de trabajo, pero esa gatica se había perdido en el sitio y nos trajo a una hermosa gatica negra. Cuando vio a Koda quedó encantada y nos preguntó que qué íbamos a hacer con él… pues a regalarlo, ya tenemos a Julietta y a Cleo (una gata). Y nos solicitó se lo regaláramos a ella. Dijimos que sí.

La gatica, que se llama Powder, era un regalo sorpresa para mi hijo, que cumplía años el 24 de noviembre.

El 24 de noviembre celebramos el cumpleaños de Alejandro en la casa, si mal no recuerdo, y el revuelo era doble. Teníamos a dos miembros más de la familia… Koda y Powder.

Koda, como cualquier cachorro creció rápido. Era inquieto, juguetón, curioso. Hizo clic con mis dos hijas, lo que dificultaba el desprendernos de él. Yo no estaba muy cómodo con eso, pero no podía hacer mucho. Dejé que el tiempo pasara.

El 24 de diciembre de 2024 nos mudamos a un sitio cerca de donde estábamos, pero más cómodo, más amplio, más bonito, aunque por su propia ubicación nos dejaba un poco distantes de las vías por donde pasa el transporte público y de las supermercados y tiendas de conveniencia.

Si algo bueno tenía la pequeña casa en la que vivíamos, es que todo lo tenía cerca. Incluso, uno de los eventos del Carnaval de Barranquilla pasa todos los años a media cuadra de la casita.

Fueron un poco más de tres años en ese sitio, con muchas vivencias.

Nos instalamos en el nuevo hogar y Koda nos acompañó. Todavía era muy pequeño y no quisimos entregarlo. Solo se alimentaba de la mamá, Julietta.

Pasó el tiempo, no mucho, y Koda siguió creciendo. Pasaba el día jugando con Cleo, la gata de la casa, con Avril, corriendo por la casa, y cuando se cansaba, se iba a dormir a su esquina, al lado de un horno que no hemos instalado y ahí pasaba un buen rato.

Lo comenzamos a sacar a caminar en la mañana, cuando tuvo tamaño para ponerle un collar, con su mamá a la hora de ir a hacer sus necesidades, pero a él no le gustaba hacer sus necesidades en la calle, así pues, al llegar a la casa había que estar pendiente para limpiar.

Koda pasaba el día corriendo, jugando con Cleo, mordiendo a su mamá, corriendo y jugando con Avril, jugando debajo de las faldas de Yacque. Tomo la costumbre de agarrar algunos peluches o juguetes de Vero, jugar con ellos, y luego lanzarlos por las escaleras.

En varias oportunidades se salió de la casa y se ponía a jugar en el estacionamiento de la casa, que es cerrado.

Corría, corría, corría.

Lo llevamos varias veces al parque que está cerca de la casa, y se portaba muy bien. No andaba marcando todo, eso sí, metía su nariz en todas partes, en especial en las matas y arbustos. En una oportunidad nos lo llevamos al Parque los Andes, que queda relativamente cerca. Ahí estuvimos como dos horas. Jugó con Avril, corrió muchísimo. Esa noche llegó a la casa, pues lo hice caminar todo el trayecto, tomó agua se acostó. Esa noche ni ladró.

Era muy activo, sobre todo a la hora de acostarnos nosotros. Lo dejábamos en el espacio de la sala-cocina, con su mamá y comenzaba a jugar con ella, y ambos a ladrar a las 10 u 11 de la noche. Más de una vez me tocó salir y regañarlos a los dos. Julietta entendía el regaño de una, y buscaba un sitio donde poder reposar, pero Koda no. Seguía mordiendo a la mamá, jugando con ella. A veces se calmaba, a veces tocaba salir y regañarlos, y a veces tocaba meter a la mamá en uno de los cuartos y dejarlo solito, con lo que terminaba calmándose, pues Cleo la
gata de noche se va de “parranda”.

El día antes de enfermarse, el 11 de marzo de 2025, tuve que regañarlo duro, pues tenía tres días portándose muy mal. Orinó todo lo que pudo, en todas partes, ladraba mucho. Lo castigué una noche, si mal no recuerdo el 10, encerrándolo en el lavadero. Está al aire libre, es muy ventilado y ahí tenía comida, agua y un sitio limpio para dormir.

El 11 intenté hacer lo mismo, pero no se calmó. Lo dejé como dos horas encerrado, y nada. 

Tuve que dejarlo entrar a la casa y regañarlo. Asumí que en la mañana me tocaría limpiar todo, pero mi sorpresa fue que al levantarme lo conseguí encerrado con su mamá en el lavadero. “Ah caramba, seguro Verónica lo encerró ahí a los dos”, pues cuando lo miré estaban los dos; su mamá desesperada por salir, el mirando tranquilo con curiosidad.

Los dejé a ambos un buen rato ahí. Fui a echar un vistazo a los dos, pues tenía a la gata presionándome por comida, y me pareció extraño no verlo. Abrí la puerta del lavadero, que es corrediza de vidrio, y lo vi metido en el lava mopas. Me pareció muy raro y lo saqué de ahí.

Desde ese momento no volvió a ser el mismo. Algo le pasó en el interín de algunas horas. Se puso triste e inapetente. Lo saqué una o dos veces a pasear por la urbanización, paseos cortos, pero con ese ejercicio mostraba una pequeña recuperación del ánimo, que apenas llegar a la casa, decaía, Con Avril seguía jugando, pero con menos intensidad.

Habiendo pasado ya dos días en esa situación, Verónica decidió llevarlo al veterinario. Lo agarró, lo envolvió con algo, y pidió un taxi.

- Vero nos informas que te dicen de Koda, por favor.

Pues ella decidió llevarlo al veterinario sin haberle dicho a nadie. En ese momento estábamos Avril y yo, y ambos quedamos preocupados.

Unas horas después Verónica comentó que lo iban a dejar para hacerle unos estudios. Al poco tiempo nos informó que según las pruebas realizadas tenía parvovirus y el parásito o la bacteria que se le pega a los animalitos producto de las garrapatas. El había tenido garrapatas, y Yacque con todo el amor y paciencia del mundo se las quito, lo baño muy bien y le hizo control diario. De eso ya había pasado algún tiempo, pero al parecer una de esas garrapatas venía con lo suyo.

En la tarde de ese mismo día, Yacque al salir del trabajo lo fue a visitar, y nos informó que estaba bajo tratamiento y estaba delicadito. Como se podrán imaginar, esa noche Koda durmió solito en un pequeño habitáculo de concreto y cerámica dentro de la clínica veterinaria, estando aislado por el asunto del parvovirus.

Al día siguiente Verónica se fue un poco más temprano para visitar a Koda. No había mejoría; Yacque también pasó a verlo, e igual le dijeron que estaba complicadito; no estaba mejorando.

Escribo de lo que puedo recordar. 

Al tercer día Vero y Yacque lo visitaron; se estaba complicando, y el pronóstico no era bueno. Vero había mantenido contacto frecuente con Alejandra, quien le sugería el curso de acción, para que ella pudiese tomar mejores decisiones.

Una de las opciones, debido a la condición de Koda, era hacerle un transplante. No se que fue lo que pasó, no se le hizo.

La tarde del viernes 14 de marzo de 2025 fue una tarde triste. Los pronósticos eran peores. Le comenté a Yacque que si se iba a morir era mejor que nos lo trajéramos y que se muriera con nosotros en su casa. Al final la propuesta no caminó, imagino que era por la fe que teníamos en que Koda se recuperara. Yacque envío un vestido que usaba para dormir a la clínica, para envolver al perrito, y rogando que el olor del vestido con el que el mismo jugaba hiciera un efecto positivo en su recuperación.

Verónica solicitó que le informaran sobre el estado de Koda, no importando la hora. Ese viernes cerca de las 9pm nos informaron que Koda estaba muy malito. Una hora después nos informaron que ya no se podía hacer nada. Era necesario poner a dormir a Koda, un eufemismo para decir que había que sacrificarlo para que no sufriera.

Todos nos vestimos y salimos a la Clínica. A todas estas, ni Avril ni yo lo habíamos visto, salvo en videos desde que salió.

Al llegar a la clínica, ya estaba muriendo. Tenía daño o muerte cerebrales, no lo sé. Nos reunimos a su alrededor, los cuatro, Vero y Avril eran un mar de llanto. Koda respiraba con mucho esfuerzo.

Lo acaricié con cariño, sabía que era una despedida. 
Todos lo acariciamos.

Nos permitieron estar a su alrededor unos minutos. Luego la veterinaria solicitó la autorización de Verónica que era quien fungía como su dueña. Firmó un papel y cinco minutos después entraba al consultorio la misma veterinaria con dos jeringas. Una con un potente calmante y la otra con el líquido que haría que Koda pudiera transmutarse en esa luz que todos veíamos en él.

Fue relativamente rápido. Después de inyectar la segunda jeringa unos segundos después, Koda dejó de respirar.

Me lo imagino cuando el medicamente hizo su letal efecto, saliendo de su cuerpo en carrera, mientras corría en medio de las piernas de todos y ladraba como loco. Seguramente, alguien lo llamó desde lo lejos y el curioso comenzó a correr hacia la Luz que lo llevará a las inmensas praderas de los campos infinitos, rodeado por otros animales y por otros conocidos y familiares que presenciaron desde Allá nuestro dolor.

Koda partió a las Praderas Infinitas de la Eternidad siendo cerca de las 11:30 pm de ese viernes 14 de marzo de 2025, dejando un inmenso vacío en mi familia.

Lo acompañamos después de su partida cerca de media hora. Vero y Avril no pararon de llorar, mientras Yacque y Yo tragábamos grueso.

Luego de eso, el protocolo administrativo tardó como hora y media. Verónica decidió cremarlo y que nos entregaran sus cenizas en un pequeño recipiente de madera.

Siendo cerca de las 2 am del 15 de marzo de 2025 llegamos a la casa, un hogar al cual uno de sus miembros no regresó.

El jueves 19 de marzo mi teléfono sonó siendo todavía de mañana. Era la gente de la clínica informando que las cenizas de Koda ya estaban disponibles para su retiro. Con las cenizas viene una pequeña matica, en la cual si se desea se pueden mezclar las cenizas de Koda en proceso de trasplantarla a un matero.

Ese recipiente con las cenizas de Koda reposa en el cuarto de Vero, y la pequeña planta por ahora está en el área de la panadería, decorando uno de los mesones de trabajo.

Avril asumió a la matica como un símbolo de Koda, al que le habla. Su dolor es evidente. El lunes siguiente a la partida de Koda, saliendo del colegio con su mamá, un grupo de mariposas se les acercaron, y ella lo asumió como un mensaje de Koda, un “Estoy bien” desde la eternidad. Eso la calmó, pues desde el sábado hasta ese día, lloró desconsolada.





Koda nació un 22 de noviembre de 2024
y partió a las Praderas Eternas 
un 14 de marzo de 2025.
Nos acompañó en nuestra familia por 113 días
Y nos hizo muy felices a todos con su compañía.







¡EN DIOS CONFÍO!


Alexander Acosta Guerra
En Barranquilla, siendo las 11.30 pm de un viernes 21 de marzo de 2025

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